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Enf. Anest. Vol.3 Nº 2 2018
La relación entre la memoria y el dolor.

La relación entre la memoria y el dolor. 

 

Enferm. anest.-reanim. ter. dolor (Internet) Vol.3 nº2 2018 / ISSN: 2529-9670

Autor: Mateos González, A.*; García Perea, E.**

*Doctora en Psicología. Clínica del Dolor de Madrid y Centro de Psicología Positivamente. Madrid. España; ** Directora del Departamento de Enfermería de la Universidad Autónoma de Madrid. Madrid. España.

Contacto: amateos@cop.es

 

 

RESUMEN

 

El dolor tiene una función protectora del cuerpo, sin embargo, cuando el dolor agudo se cronifica, se convierte en un proceso complejo multidimensional con componentes biopsicosociales, se incrementan síntomas asociados al dolor, relacionados con las capacidades cognitivas, y pierde su función protectora. A parte del propio dolor, una de las quejas fundamentales de las personas con dolor crónico es la alteración de la memoria; muy relacionada con otros procesos cognitivos también alterados, como la atención y la concentración. Estas alteraciones son muy importantes, ya que influyen en otros aspectos trascendentes de la vida como las relaciones personales, el trabajo, la calidad de vida y la realización de las actividades de la vida diaria.

 

 

ABSTRACT

 

Pain has a protective function of the body, however, when acute pain becomes chronic, it becomes a complex multidimensional process with biopsychosocial components, symptoms associated with pain increase, related to cognitive abilities, and lose its protective function. Apart from the pain itself, one of the fundamental complaints of people with chronic pain is the alteration of memory; very related to other cognitive processes also altered, such as attention and concentration. These alterations are very important, since they influence other transcendental aspects of life such as personal relationships, work, quality of life and the realization of activities of daily life.

 

 

El dolor tiene una función protectora del cuerpo, sin embargo, cuando el dolor agudo se cronifica, se convierte en un proceso complejo multidimensional con componentes biopsicosociales, se incrementan síntomas asociados al dolor, relacionados con las capacidades cognitivas, y pierde su función protectora1.

 

Se estima que la prevalencia del dolor crónico no oncológico en España es ligeramente inferior a la media europea (17 %). Según el INE en cuanto a problemas de salud crónicos, uno de los más frecuentes (el segundo) es el dolor lumbar (33.7%), ocupando el primer lugar en cuanto a tipos de dolor crónico2.

 

A parte del propio dolor, una de las quejas fundamentales de las personas con dolor crónico es la alteración de la memoria; muy relacionada con otros procesos cognitivos también alterados, como la atención y la concentración. Estas alteraciones son muy importantes, ya que influyen en otros aspectos trascendentes de la vida como las relaciones personales, el trabajo, la calidad de vida y la realización de las actividades de la vida diaria3.

 

Los estudios sobre las alteraciones de la memoria en personas con dolor crónico, no son homogeneos, principalmente se basan en investigación básica, y hasta el momento, no existe un consenso en cuanto a las causas de esta alteración, aunque se han encontrado varios aspectos relacionados4.

 

Según el modelo de la Neuromatriz de Melzack, el dolor es una experiencia compleja: el sistema nociceptivo informa de la naturaleza y calidad del estímulo doloroso, integrando esa información con la experiencia previa (memoria y aprendizaje) para dar una respuesta adecuada a una situación potencialmente dañina. Esto es debido a cambios a varios niveles: por un lado, cambios estructurales, en las áreas del cerebro que se encargan del procesamiento y modulación del dolor, como las áreas 1 y 2 de Brodmann de la Corteza Somatosensorial, la corteza cingular anterior, la amígdala, la ínsula, el tálamo y la SGP; por otro lado, cambios bioquímicos y por último, cambios en el procesamiento de la información. Esto compone la neuroplasticidad del sistema nervioso, en ocasiones responsable de la sensibilización central y por lo tanto, de que el dolor se perpetúe5,6.

 

Varias investigaciones han estudiado estos mecanismos llegando a conclusiones similares7,8. Así Buchnell observó como los cambios del cerebro pueden contribuir a algunas de las comorbilidades afectivas y cognitivas del dolor9.

 

La memoria es parcial, selectiva y sesgada, a esto hay que añadir, en el caso del dolor, las implicaciones psicológicas, emocionales y sociales; lo que provoca una vivencia de las experiencias pasadas de dolor de forma aún más sesgada. Así, el recuerdo del dolor se ve modificado con el tiempo, dando como resultado un recuerdo más elaborado y determinado por otros aspectos, como la intensidad del dolor sufrido y el recuerdo de la situación que lo provocó10.

 

Sin embargo, no todos los tipos de memoria se ven igualmente alterados por el dolor, la mayoría de personas se quejan de despistes, olvidos  de nombres o citas, y pérdida de seguimiento de la conversación.

 

Los estudios refieren que el tipo de memoria más afectada es la “memoria de trabajo”, ya que el estímulo constante de dolor interfiere con la capacidad de atención para otras tareas, dificultando así la disponibilidad de la memoria para dichas tareas11-13.

 

Algunos investigadores, relacionan estos hallazgos con alteraciones en el funcionamiento prefrontal, ya que el dolor, al requerir atención, consume recursos del limitado ejecutivo central de la memoria de trabajo, que al no poder ser utilizados para gestionar estímulos del entorno provoca que surjan alteraciones en la memoria, como los errores o despistes comentados anteriormente14.

 

La relación del estado de ánimo con el dolor es bien conocida. Varios estudios confirman la alta incidencia de depresión en personas con dolor, llegando en algunos de ellos a reflejar hasta un 29% de personas con dolor que sufren depresión. También se hallan elevados porcentajes de personas con dolor que sufren trastornos de ansiedad y estrés por encima de la media de la población general15-17.

 

Así mismo, es frecuente encontrar en la bibliografía, estudios que subrayan la relación entre el estado anímico y las alteraciones de la memoria. Los propios manuales diagnósticos como el DSM-V incluyen dentro de la sintomatología de los trastornos del estado de ánimo, las alteraciones en la memoria como parte de su sintomatología18.

 

Los síntomas depresivos parecen ejercer un gran peso en esta problemática. Por ejemplo, en personas con Fibromialgia, Castels refiere mayor percepción de problemas de memoria y describe estas alteraciones en relación con la depresión19.

 

Sin embargo, los estudios sobre esta relación refieren conclusiones desiguales y algunos señalan que este déficit en la memoria es más bien una percepción y no tanto un hecho real, así mismo subrayan la importancia de continuar estudiando dicha relación teniendo en cuenta la complejidad del tema20.

 

El dolor y el estado de ánimo alteran el mecanismo atencional y a su vez esto provoca problemas de memoria. Los investigadores no se ponen de acuerdo en determinar si la alteración del mecanismo atencional, se debe al dolor o al estado de ánimo21. Salgueiro, señala que en personas con Fibromialgia, el estrés requiere una gran exigencia atencional, lo que influiría en la memoria, más que el dolor en sí y otros autores señalan la influencia de varios factores en las alteraciones cognitivas de las personas con dolor22.

 

Muchas investigaciones se han centrado en el estudio del estrés o más específicamente, el estrés percibido relacionado con el dolor, dada su estrecha relación. El estrés a su vez está relacionado con cambios en la corteza prefrontal y en su funcionamiento, que puede provocar disfunción de la atención y en la gestión ejecutiva. Esto provoca las alteraciones que las personas con dolor refieren de la memoria en relación a las actividades cotidianas23.

 

La intensidad del dolor incrementa la dificultad de la corteza prefontal para afrontar los desafíos del ambiente, se incrementa el estrés percibido y esto a su vez aumenta la dificultad de la corteza cerebral para gestionar las emociones, los pensamientos y la conducta, lo que se relaciona con las quejas de las personas con dolor en cuanto a las alteraciones de la memoria23.

 

En algunas patologías como la Fibromialgia estas alteraciones son más evidentes y la alteración de la actividad de la corteza prefrontal va a influir en las habilidades como las operaciones mentales, toma de decisiones, la planificación, el establecimiento de metas y la realización de nuevas actividades22.

 

Las alteraciones, fundamentalmente las relacionadas con el funcionamiento ejecutivo, se han explicado por un deterioro a nivel central o por la interferencia del dolor con la actividad de la corteza prefrontal como se comentaba antes. Aunque es fundamental seguir investigando ya que por ejemplo se ha demostrado que se puede mejorar el rendimiento en test neurofisiológicos mediante la actividad física y algunos autores refieren que el rendimiento cognitivo en las personas con dolor es adecuado, excepto cuando interfiere el estrés cognitivo, por la exigencia atencional que requiere24.

 

Por otro lado, encontramos estudios sobre fármacos, como ansioliticos, anticonvulsivos, hipnóticos, derivados de la morfina y antidepresivos que pueden producir alteraciones en la memoria, sin embargo, estas investigaciones no justifican plenamente los síntomas encontrados en las personas con dolor4.

 

Según algunos autores el sistema opioide influye en la función neuronal, la plasticidad y la actividad sináptica de estructuras cerebrales relacionadas con el procesamiento de la información y en la memoria. Por lo tanto, los fármacos agonistas y antagonistas opioides provocan cambios positivos o negativos sobre el procesamiento de información y diferentes tipos de memoria25.

 

En cuanto a los antidepresivos, los más utilizados son los antidepresivos tricíclicos, una de cuyas limitaciones son los efectos secundarios sobre la memoria26.

 

Moriarty concluye en cuanto a este tema, que la medicación dificulta las funciones cognitivas asociadas al dolor, sin embargo, si la medicación disminuye el dolor esto repercute positivamente en las funciones cognitivas27.

 

Conclusiones: son necesarios más estudios que aclaren la relación entre la memoria y el dolor crónico, ya que las investigaciones realizadas hasta la fecha sobre este tema van en direcciones dispares, aunque las alteraciones en el procesamiento de la información parecen las más respaldadas. Lo que es evidente en todas ellas es la importancia de la alteración de la memoria para la calidad de vida de las personas con dolor crónico y la necesidad, como reflejan muchos autores, de tenerla en cuenta a la hora de la realización de intervención psicológica en el afrontamiento al dolor y la recuperación de las actividades de la vida diaria4,28.

 

 

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